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Socio de duración determinada

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Portada del libro Socio de duración determinada

Las crecientes necesidades de competitividad de las empresas, derivadas en gran medida de la globalización de los mercados, han influido notablemente en la evolución del mercado de trabajo, que estos últimos años se ha caracterizado por el gran crecimiento experimentado por los contratos temporales.

Las cooperativas no han sido ajenas a este contexto, de tal modo que en la etapa de reactivación económica que siguió a la crisis de 1992-93 se registraron importantes incrementos en los niveles de contratación temporal. Hasta ahora las cooperativas han sustentado la búsqueda de flexibilidad en la utilización de figuras de contratación temporal por cuenta ajena.

La figura del "socio de duración determinada", coloquialmente conocida como "socio temporal", es aún relativamente novedosa. Recogida en el derecho vasco y del Estado, fue aprobada por la Ley 411993, de Cooperativas de Euskadi que ha sido claro referente para otras legislaciones cooperativas posteriores en el ámbito estatal.

Pese al importante esfuerzo que se está realizando en los últimos años para incrementar la contratación en régimen cooperativo, tanto de carácter indefinido como de duración determinada, lo cierto es que la contratación temporal sigue y seguirá teniendo su propio peso. Por tanto, deberá prestarse especial atención en este ámbito a la posibilidad de sustituir o compaginar una figura diferenciada de la gestión de las relaciones de trabajo en régimen cooperativo, por una figura que preserva la homogeneidad jurídica entre los sujetos que participan en las actividades de la empresa y refleja una mayor coherencia ideológica.

El socio de duración determinada es una figura creada desde el seno cooperativo, que ha sido modificada recientemente por la "Ley 1/2000 de 29 de junio, de modificación de la Ley de Cooperativas de Euskadi". Esta nueva regulación recoge una redacción más elaborada y limita algunos otros aspectos. Lo que se propone es garantizar una mejor aplicación de la figura mediante dichos límites. Además se amplía el porcentaje máximo establecido por la Ley 4/93 para los socios de duración determinada, a la vez que reduce el porcentaje máximo que puede haber de trabajadores por cuenta ajena.

La figura del socio de duración determinada responde a las necesidades de contratación del mercado cooperativo actual y además, se ha querido lograr la igualdad entre los socios, sin prescindir de la ideología que el régimen cooperativo exige. Desde las cooperativas se ha puesto especial interés en intentar mejorar las condiciones laborales de los trabajadores temporales y los intereses de las cooperativas creando una figura propia. Se trata de una figura fundamental para la evolución cooperativa, que persigue mayor nivel de implicación entre la empresa y el trabajador.

Estos socios adquieren derechos y obligaciones societarios aunque su naturaleza sea de duración determinada. La Ley señala que los derechos y obligaciones de estos socios deben ser equivalentes a los de los socios de carácter indefinido; aún así las cooperativas tienen la posibilidad de recoger algunas particularidades en sus Estatutos.

La nueva Ley 1/2000 reforma la figura del socio de duración determinada y regula de forma detallada aspectos como la ampliación de porcentajes, lo que ofrece la posibilidad de reducir el número de contratos temporales por cuenta ajena, o el límite de plazos para la condición de socio de duración determinada.

Estas razones que hasta ahora hemos expuesto son, entre otras muchas, un buen motivo y fundamento para utilizar la figura del socio de duración determinada. Es, al fin y al cabo, un vínculo societario que enriquece la relación y la actividad laboral entre el trabajador y la cooperativa, frente a las relaciones laborales ordinarias

 

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